jueves, 13 de septiembre de 2012

ALFABETISMO EN SALUD




El trabajo en las redes de salud
El alfabetismo en salud  

20-04-2012

SEGÚN LA DEFINICIÓN DE LA UNESCO de 1958, es analfabeta (primer nivel de analfabetismo) no solo aquella persona que nunca aprendió a leer y escribir. Es también aquel que no es capaz de descifrar las combinaciones de signos alfabéticos para formar palabras que alguien plasmo y que, al mismo tiempo, es incapaz de transmitir sentido utilizando esos signos de forma grafica.  Por su parte, la expresión analfabetismo funcional (segundo nivel de analfabetismo) designa a la condición de aquellas personas que, a pesar de haber pasado por una institución escolar durante un tiempo determinado, no han alcanzado a lo largo de este las competencias de lectoescritura y calculo consideradas básicas en el sistema educativo correspondiente, necesarios para la vida cotidiana. Continuemos con el analfabetismo idiomático (tercer nivel de analfabetismo) constituye la carencia de conocimiento y de habilidades para coordinar acciones con otros en un segundo idioma, fundamentalmente la lengua germánica occidental (ingles). Es ya indiscutible que este idioma domina en esta época de globalización. Una persona que no domina este idioma (utilizo el termino dominar, que implica leer, escribir y hablar con el doble propósito de adquirir y profundizar conocimientos y de coordinar efectiva y eficazmente acciones con otros seres humanos) se encuentra en serias desventajas y en la práctica no constituye una oferta de servicios para cualquier empresa. Un alto porcentaje del PEA se encuentra en esta situación. Veamos ahora el analfabetismo informático (cuarto nivel de analfabetismo), por un lado implica el desconocimiento del significado de términos, y por otro, la carencia de las habilidades para el manejo de paquetes computacionales. No me refiero a la necesidad de ser un experto en informática, sino de la posesión de los conocimientos básicos para poder utilizar estos instrumentos indispensables para el aprendizaje. Ahora sumemos la inhabilidad en el terreno informático al desconocimiento del idioma ingles, el resultado es un desempleado potencial, excepto en las entidades públicas.


Sin embargo el mayor analfabetismo que podemos sufrir, o el que perjudica mayormente a la persona, es el analfabetismo existencial (quinto nivel de analfabetismo) este vacío existencial que produce la carencia del cuarto pilar educativo para el siglo XXI: aprender a ser (informe Delors), representa una nueva forma de déficit social para desarrollarse plenamente.
     
El término alfabetización en salud (AFS) fue usado por primera vez en 1974 en un paper llamado “Educación de la salud como una política social”. Desde entonces la (AFS) ha sido definido por el Joint Committee on National Health Education Standards, como la capacidad de individuos para obtener, interpretar y entender información básica de salud, además de los servicios y competencias necesarias para usar tal información en vías de mejorar la salud.



Ahora bien, nuestro país tiene como denominador común el analfabetismo funcional, tal es así que la (AFS) que no posee en la actualidad nuestra población, es otra epidemia silenciosa el cual representa el punto clave para corregir las disparidades en el campo de la salud, por lo que de hecho es un área fundamental en los objetivos a mediano plazo de las Instituciones de Salud.



Esta relación compleja entre salud y alfabetización, no es un fin en sí misma, ya que es un derecho humano básico (Declaración de Persepolis IIALM, 1977, p. 636). Es cierto que toda estructura social engendra el modo de educación apropiado para mantenerla y reproducirla y que las finalidades de la educación están subordinadas a los propósitos de los grupos dominantes; pero sería falso concluir que no hay nada que hacer en el interior de un sistema vigente.



Por lo tanto no se debe pensar la alfabetización como un concepto monolítico, todo lo contrario debemos conceptualizarlo como Alfabetización Informacional (ALFIN) que es un proceso continuo de enseñanza-aprendizaje para desarrollar en las personas los conocimientos, habilidades y actitudes que les permitan identificar cuando, donde, cómo y por qué necesitan buscar información que satisfaga sus necesidades.



Se han creado infinidad de definiciones de ALFIN (Bawden, 2002; Valdés, 2008), sin embargo adoptaremos la Declaración de Praga sobre ALFIN, en la reunión de expertos convocada en 2003 por la UNESCO y el foro Nacional de Alfabetización Informacional de EEUU abordada por Gomez-Hernandez (2007): “abarca la conciencia de los propios problemas y necesidades de información, y la capacidad de identificar, localizar, evaluar, organizar, crear, utilizar y comunicar con eficacia la información para afrontar las cuestiones o problemas que se presenten; constituye un prerrequisito para la participación efectiva en la Sociedad de la Información, y forma parte del derecho humano básico al aprendizaje a lo largo de la vida”. Como se observa no es un concepto que surge en años recientes, pues en el mundo se hace referencia del término por primera vez en el año 1974. El ALFIN define *las competencias núcleo para poder practicar una determinada profesión o actividad, de esta manera un profesional o técnico del sistema de salud infoalfabetizado podrá utilizar los conocimientos adquiridos para desarrollar habilidades que le permitan obtener a lo largo de la vida la información que necesitan para desarrollar su labor profesional y contribuir al mejoramiento de la salud de la población, desarrollar una visión diferente que le permita disponer de la información en el centro de su actividad (docente, investigativa, asistencial y de dirección), convertirse en líder que utiliza la comunicación y el trabajo en equipo para replicar los conocimientos adquiridos, además de experimentar un cambio en el comportamiento.



Hasta siempre



Ricardo Saravia



*Las competencias núcleo tienen que ver con los cinco pilares de la educación: el conocimiento en tanto capacidad para (1) aprender a conocer de por vida, las habilidades sustentadas en la capacidad para (2) aprender a hacer, la actitud, sustentado en la capacidad de (3) aprender a ser, abordar las capacidades criticas esenciales para una vida mejor para (4) aprender a vivir juntos, y (5) aprender a transformarse uno mismo y a la sociedad.


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