miércoles, 29 de julio de 2009

LA JUSTICIA DE DIOS EN LA HISTORIA DEL PUEBLO JUDIO

La Justicia de Dios en la historia del pueblo judío
Uno se pone a pensar y le empiezan a surgir ciertas dudas. ¿Dios es justo? ...
¿Las decisiones que tomó fueron las acertadas?.. . Un análisis de los hechos acrecientan esas dudas, y es por eso que quiero profundizar en los detalles.
Y empecemos por el principio...
A Adán y Eva los echó del Paraíso por haberse comido una manzana. ¿No les parece una exageración? Si cada vez que nuestros hijos nos desobedecen, los echáramos de nuestra casa, no existirían las familias. Si Adán y Eva se hubieran comido un menú chino número 4, con egg rolls, wontong soup, cerdo en salsa agridulce, pollo con almendras y una banana soufflé, se podría haber agregado a la carta de acusación el pecado de la gula..., pero, ¿por una simple manzanita, por más deliciosa que sea...?
Luego le permitió a Caín romperle la cabeza a Abel por una simple discusión de índole agropecuaria.
Al pobre Noé le mandó un diluvio de la gran siete que lo obligó a construir el Queen Mary One para salvar a su familia y a una pareja de todos los animales existentes, incluyendo una pareja de cerdos, lo que no se explica para qué, si al final nos prohibió los sandwiches de jamón.
A la mujer de Lot la convirtió en una estatua de sal por echar una miradita para atrás, dejándolo al pobre Lot, inconsolable. Si hubiera tenido un poco
de consideración, la hubiera convertido en estatua de azúcar, y Lot podría, de vez en cuando, darle una lamida. Pero, ¿de sal, con la alta presión que Lot tenía?
Después los muchachos quisieron construir, en su honor, una torre en Babel, y tampoco le gustó la idea, y decidió tirar la torre abajo. Primero pensó en estrellar un avión contra la torre, pero se dió cuenta que aún no se habían inventado los aviones, y entonces buscó una manera más rebuscada para confundir a la gente. Creó un sinfín de idiomas, nadie se entendía con nadie, uno pedía un ladrillo y el otro le traía una oveja, hasta que al final la torre se vino abajo. y hasta el día de hoy la gente sigue sin entenderse. Los únicos que sacaron tajada del asunto fueron los vendedores de diccionarios.
Luego vino la expulsión de Agar y su hijo Ismael, porque Sara, la mujer de Abraham, le llenó la cabeza a éste:
-"Echá a esa loca de acá, si no me voy yo". Y Abraham le hizo caso. Y en vez de ponerle un pisito en las cercanías, como hacen todos, los mandó al desierto. Esa decisión errónea la estamos pagando todos hasta el día de hoy. Después, para poner a prueba la fe de Abraham, le mandó cortarle la cabeza a su propio hijo, Isaquito. ¿A quién se le puede ocurrir idea semejante? Es como pedirle a un hincha de Boca que salga a la calle con la camiseta de River. Menos mal que cayó un ángel que lo convenció que no lo hiciera, y todo llegó a un final feliz, haciendo un asado con un cordero que andaba dando vueltas por ahí.
Unos años más tarde, Dios fue cómplice de la primera estafa a gran escala en el mundo, al permitir que Jacob se hiciera pasar por su hermano Essau, para quedarse con la herencia de su padre. ¿Cómo Dios permitió un hecho así con la importancia que le da a la legalidad y al cuidado de los derechos humanos? Jacob pagó cara su conducta cuando sus propios hijos vendieron a su hijo preferido, Josú, a unos árabes, por unos pocos shekalim, que ya en aquella época estaban bastante devaluados, y en consecuencia no les alcanzó ni para comprarse un camello. Luego, no sé bien porqué, nos vendieron a todos y terminamos siendo esclavos en Egipto.
En Egipto, la hija del Faraón encontró una cesta que flotaba en el río con un bebé adentro, y se lo llevó a su casa. Una confirmación que los dioses ajenos también cometen errores. Porque el nene, de nombre Moisés, se hizo todo un hombre (muy parecido a Charles Heston) al que no le gustó nada que les dieran latigazos a sus hermanos de religión. Y empezó a hacer propaganda con altavoces, donde se la pasaba gritando: "- ¡¡Dejad ir a mí pueblo!! ¡¡Dejad ir a mí pueblo!!". Como el Faraón era bastante cabeza dura, no le hizo caso, y entonces Moisés inició una guerra con armas biológicas en las que incluyó langostas, sapos y piojos. De todas maneras, podemos decir que por fin Dios estuvo de nuestro lado, y nos ayudó con toda una serie de milagros (a Dios lo que es de Dios). Al final nos dejaron ir, y para cruzar el Mar Rojo contamos con la ayuda americana, ya que Cecil B. de Mille abrió las aguas el mar para dejarnos pasar, y las volvió a cerrar cuando llegaron los egipcios que nos perseguían. Los egipcios nunca fueron grandes nadadores (nunca ganaron una medalla olímpica en natación) y a todos los que les agarró la subida, murieron. Comandados por Moisés, empezamos a vagar por el desierto en busca de la Tierra Prometida por Dios.
Un día Dios lo llamó a Moisés a una montaña y le entregó las Tablas de la Ley. Cuando Moisés volvió con ellas donde estaba su gente, encontró que en vez de haber construido una estatua de él (como se acostumbra entre todos los pueblos de la zona que alaban a sus dirigentes) estos habían construido la estatua de un becerro. A Moisés le dio mucha bronca, tiró las Tablas al suelo, destruyéndolas, y como consecuencia nadie las aprendió. Y hasta el día de hoy, se roba, se mata, se desea la mujer del vecino, y nadie respeta al padre ni a la madre. Para evitar esto, Dios podía haber hecho las Tablas por duplicado. Y la humanidad sería hoy mucho mejor.
Mientras vagaban por el desierto, se les acabó el agua. Entonces Dios le dijo a Moisés que le hablara a una piedra que había en el camino, y que de allí saldría agua. Moisés comenzó a hablarle a la piedra y no pasó nada. Siguió susurrándole. .., y nada. Comenzó a gritarle..., y nada. Bastante nervioso, porque alrededor estaba todo el pueblo con los vasos preparados, se cansó y le pegó una fuerte patada a la piedra. Y eso trajo varias consecuencias:

1) Parece que la patada destapó un caño y el agua empezó a salir a borbotones, con gran alegría para todos;
2) Moisés se rompió una pierna, hubo que enyesarlo y desde ese día, necesitó un bastón para caminar;
3) A Dios no le gustó que Moisés no hiciera exactamente lo que él le había dicho y lo condenó a no entrar en la Tierra Prometida (¿no les parece exagerado el castigo, después de todo lo que Moisés hizo por él?).
La cuestión es que el Pueblo Elegido anduvo cuarenta años dando vueltas por el desierto. Y este desperdicio se le puede achacar a Moisés, que salió al paseo sin brújula y sin mapa. Si Dios realmente hubiera querido echar una mano, habría aprovechado ese tiempo en llevarnos a algún lugar bastante mejor. Por ejemplo, Suiza, donde nos habría evitado muchos problemas en el presente. Como todos saben, Suiza está dividido en cantones, y así hoy existiría un cantón sefaradí, gobernado por el Rav Ovadia Iosef; un cantón ashkenazi, dirigido por Shimón Peres, que hubiera ganado todas las elecciones sin problemas; un cantón ruso, donde el poder estaría repartido entre Sharansky y Liberman; un cantón americano, que habría subido al mapa de la mano de Tal Brodie; y un cantón argentino, que estaría bajo la tutela del general Peronsky tras haber derrocado en una revolución al general Videlman.

En lugar de llevarnos a Suiza nos llevó al único lugar en todo Medio Oriente donde no hay una sola gota de petróleo, ni agua, ni oro, ni diamantes. Lo único que había era leche y miel, que servían para hacer buenas tortas, pero que no podían competir para la exportación con las tortas vienesas (en especial con la torta de chocolate de Sacher). De cualquier forma, la gente aceptó el lugar y comenzó a construir un Templo como agradecimiento. Pero parece que a Dios no le gustó mucho el estilo y lo hizo destruir por los persas, que no se hicieron rogar demasiado para tirarlo abajo.
Pero el Pueblo de Israel era testarudo y comenzó la construcción de un Segundo Templo. Y eso hizo enojar mucho a Dios que envió a los romanos para que nos dieran un escarmiento. Los romanos, que habían creado un gran imperio, conquistaron el lugar, destruyeron el Segundo Templo, y en su lugar construyeron el Palacio de la Pizza, en pleno centro de Jerusalem.
Además nos tomaron prisioneros y llevaron a muchos como esclavos a Roma.
El pueblo se dispersó por todo el mundo, y durante 2000 años cada uno vivió donde conseguía una vivienda barata. Muchos se fueron a España, y durante varios siglos vivieron felices, comiendo paella y asistiendo a espectáculos de flamenco.
Tampoco eso le gustó a Dios y envió al F.L.E. (Frente de Liberación Española), más conocida como Inquisición, para que nos echaran del país, como así ocurrió. Si nos hubiéramos podido quedar, hoy seríamos, casi todos, socios del Real Madrid, y podríamos deleitarnos con Beckham, Zidanne y Ronaldo, en vez de sufrir con Venado, Revivo y Nimni. Pero el daño no lo sufrimos sólo nosotros. Los españoles perdieron más.
En aquella época España empezaba la conquista de América, cosa que logró en casi toda Sudamérica y América Central. Y por falta de armas, se perdió la conquista de América del Norte (con la excepción de Miami). Si no nos hubieran echado, les hubiéramos fabricado una gran cantidad de Uzis, y proveídos con ellas, hubiera resultado muy fácil conquistar toda América del Norte. Y hoy en día seríamos los dueños de gran parte de los bancos de Norte América y con seguridad dominaríamos en Hollywood.

Otra gran cantidad de gente de nuestro pueblo, los que sufrían el calor de Andalucía, se fueron a Rusia. Y allí se arreglaron bastante bien, alimentándose con comidas típicas del lugar (borsht, varenikes, kreplaj y tzimes), hasta que otra vez intervino Dios, que evidentemente, y de acuerdo a las pruebas aquí detalladas, eligió nuevamente a este pueblo... para sufrir!!
Así comenzaron los atentados, conocidos como progroms, en las pequeñas poblaciones donde vivían judíos. Y otra vez nos llevaron a buscar lugares más tranquilos. Lo único bueno que salió de estas circunstancias, fue una excelente versión del Violinista en el Tejado, que ganó varios Oscares.
Y entonces, Dios, cansado de todas las peticiones de ayuda que le enviaban, llamó a licitación para solucionar de una buena vez los problemas del pueblo judío.
A la licitación se presentaron varios candidatos. El primero fue Theodor Hertzel, que presentó en su solicitud un libro titulado "El estado judío", que con el tiempo llegó a ser realidad (Blumfield). Otro que se presentó fue el barón Hirsh, que trajo un plan de comprar tierras en la Argentina para construir allí el nuevo Estado Judío (no sé si la idea era buena, pero si se hubiera materializado, por lo menos ya habríamos ganado dos campeonatos del mundo en fútbol).

El tercero fue un científico llamado Einstein, que un día, mientras se bañaba, entró en una bañera llena de agua y al ingresar en ella el agua desbordó. Einstein pensó un poco y gritó ¡¡Eureka!!, y sacó el tapón de la salida de agua e inmediatamente la bañera se vació. Y entonces dijo:
"Todo es relativo". Se apresuró a sentarse y escribió la fórmula que se le había ocurrido: E=MC al cuadrado. Cuando terminó se la mostró a su sirviente, y este, con los ojos llenos de lágrimas le dijo:
- "¡¡ Pero si esto es una bomba atómica !!".
Otro que quiso aportar para solucionar los problemas fue un hombre que se la pasaba cantando "Si yo fuera Rothschild ". Era Rothschild. El último que se presentó a la licitación fue un tal Adolfo Hitler, que intentó convencer a Dios que tenía la solución final para el pueblo judío. Y en una decisión escandalosa, Dios eligió a este último como ganador de la licitación.

Hitler se puso inmediatamente a trabajar y hoy podemos decir con certeza que existen 6.000.000 de razones que condenan a Dios por su enorme error. Y hay muchos que hasta el día de hoy se niegan a perdonarlo.
Menos mal que otra vez los americanos vinieron a exterminar a los malos de la película. Las fuerzas al mando de John Wayne Eisenhower y Kirk Douglas MacArthur llegaron a tiempo para evitar unos cuantos millones "de razones" más en el juicio a Dios.
Al final, cuando los que quedaban vivos buscaban un nuevo sitio para rehacer sus vidas, se juntaron las ideas de Herzl, el dinero de Rothschild, y la bomba atómica de Einstein, para regresar a nuestro lugar, nuestra tierra.

Y hace 56 años que volvimos, construimos un nuevo templo (la Knesset), y pretendemos vivir lo más tranquilos posible. Es difícil, porqué la zona se la disputan dos dioses. El nuestro nos promete desde hace miles de años que nos va a enviar al Mesías. A pesar del tiempo transcurrido, éste no parece, y ni siquiera telefonea. Por lo cual muchos han dejado de creer en las promesas de nuestro Dios.

El otro, Alá, hace promesas aún más imposibles. Prometió a todo aquel que se haga pedazos en un lugar donde haya muchos judíos, el Paraíso con setenta vírgenes esperándolo. Y eso, evidentemente, es una gran mentira, porque... ¿ de dónde va a sacar Alá setenta vírgenes, cuando hoy en día es casi imposible encontrar una sola mayor de 10 años de edad ?...

Esa es la causa por la cual millones de personas en todo el mundo dejaron de creer en los viejos dioses. Y fueron apareciendo dioses locales que hacen e hicieron la felicidad de mucha gente. Por ejemplo, en Brasil y Argentina, se creó una nueva religión con sus respectivos dioses Pelé y Maradona. En EEUU. apareció el dios del baloncesto, Michel Jordan.
En Inglaterra llegaron los dioses de la música, Los Beatles. En Francia, un país bastante prostituído, apareció la diosa del sexo, Brigitte Bardot. En Italia, el dios del "bell canto", Luciano Pavarotti. Y en España, que por mucho tiempo pasaron hambre, hoy tienen al dios de la comida, Carlos Arguiniano. Y aquí en Israel, nos llegó el dios del Bla Bla, Bibi Netaniahu, un dios muy instruído que le promete a cada uno lo que le gustaría oir.

El quiso convertirse en un héroe como Robin Hood, pero se le olvidó el argumento. Y en vez de sacarles a los ricos para darle a los pobres, le saca a los pobres para darle a los ricos. No llevó a cabo ningún milagro, ni siquiera uno que realizó alguien que anduvo por estos sitios hace unos 2000 años: la multiplicació n de los panes y los peces. Si como mínimo hubiera repetido el mismo milagro, se podría haber cocinado toneladas de guefilte fish, y muchas personas no estarían muriéndose de hambre.
Y así llegamos al día de hoy, donde la mayoría de los hombres del planeta adoran a un nuevo dios. Un dios que ayuda a sanar a personas enfermas, que da felicidad, facilita la llegada del amor, y brinda la oportunidad de llegar a verdaderos paraísos, donde no es delito comer una manzana, y si se quiere, uno puede deleitarse con una langosta con champagne. Es un dios al que se puede ver e incluso tocar.

Es pequeño y de color verde, se llama DÓLAR, y se lo venera en templos especiales, llamados bancos. A los sacerdotes que los dirigen se los llama gerentes, y producen muchos milagros que llevan el nombre de créditos bancarios. Y generalmente, cuando uno sale de esos templos, después de haber recibido uno de esos milagros, mientras se aleja rumbo a su hogar, lo hace musitando muy bajito:
- "Gracias a Dios"...